¿Para què sirve la enseñanza universitaria en el àrea de comunicaciòn?

Publicado: marzo 23, 2011 en Uncategorized

El propósito de la formación universitaria no estriba únicamente en preparar a las nuevas generaciones para reproducir la cultura, o desarrollar en los estudiantes capacidades para ejercer una profesión en automático.

Quien acceda a la educación superior debiera tener la oportunidad de convertirse en un crítico de su realidad, en alguien capaz de innovar y hacer evolucionar su profesión.

Esto es un reto tanto para el docente como para el estudiante. El profesor tiene la responsabilidad de conducir al discípulo hacia la integración de una serie de conocimientos que le permitan desarrollar una propuesta personal sobre el ejercicio de una actividad profesional. El estudiante deberá asumir el reto que significa apropiarse del conocimiento y convertirse en un sujeto promotor de su propio aprendizaje.

El trabajo en la universidad debe conducir a la formación de profesionales reflexivos. En otras palabras, a desarrollar personas capaces de hacer, reflexionar sobre lo que se hace, evaluar el resultado y tomar decisiones para mejorar su capacidad de actuar; personas que entienden el significado del concepto de “responsabilidad social”.

Esto implica formar con miras a que las personas que se gradúen de la universidad presenten una serie de características que nos lleven a calificarlos como “profesionales reflexivos” en materia de trabajo periodístico:

– tener presente el interés de los lectores antes que el propio,
– enfocar la mirada hacia situaciones que representan auténticos pendientes sociales sobre los que vale la pena llamar la atención para que los lectores comencemos a preocuparnos por resolverlos; pendientes que no se ignoran, pero que de tanto formar parte del paisaje terminamos por acostumbrarnos a ellos,
– buscar un balance en la información, para que sea el lector quien se forme una opinión propia,
– ayudar a construir y mantener, a través de las noticias, la idea de que la sociedad puede ser más justa y segura si todos ponemos de nuestra parte.

Quien se atreva a ejercer el oficio de comunicador, además, deberá desarrollar la capacidad de ser crítico con su trabajo –en todos sentidos: redacción, estilo, información– y autónomo: es decir, que se da y obedece sus propias reglas, que rebasan en ambiciones de servicio a los demás las que se formulan en el código ético de la empresa para la que trabaja.

Para ello, quienes nos dedicamos a la formación de profesionales debemos favorecer una reflexión que otorgue sentido al trabajo profesional. No estamos para capacitar empleados, estamos para formar profesionales que le encuentren un sentido de servicio a lo que se hace, al tiempo que el trabajo permita ganarse decorosamente la vida.

El trabajo periodístico requiere de una vinculación permanente con la realidad, de vivirse con los cinco sentidos y tener presente, siempre, que – como dice Kapuscinsky “los cínicos no sirven para este oficio”.

Al fin y al cabo
La importancia que han cobrado los medios masivos de comunicación, desde la perspectiva de la economía política, nos ha convertido en receptores de una gran cantidad de mensajes, diseñados para captar nuestra atención y cada vez más orientados a impactarnos en el plano subjetivo, más que en el aspecto reflexivo.

Ante esto, hay quien siguiendo las tendencias de las organizaciones, pugna porque los medios de comunicación – en especial aquellos que tienen carácter informativo como la prensa y los noticiarios – adopten códigos de ética que permitan que la producción de noticias se de en un tono que respete cierto tipo de valores.

Sin embargo, la existencia de un código no implica necesariamente su observancia; tampoco implica que se entienda cuál es la función del periodismo en nuestros días. Una empresa de medios que asuma su responsabilidad social, debe considerar un espacio específico para su público, o más bien dicho, para los individuos que conforman su público. De ahí surge la figura de la defensoría del lector, que forma parte de algunas empresas, como aquél responsable dentro del medio de ofrecer una perspectiva desde el lugar del lector para que este tenga oportunidad de formarse una opinión balanceada sobre las noticias que se le están ofreciendo a través del medio.

¿Sería suficiente con contar con un “defensor del lector” para que el medio cumpla con una responsabilidad social?

Considerando que los medios producen información, y que esta es resultado del trabajo de los periodistas, el “defensor del lector” saldría sobrando si cada persona que trabaja para el medio ha sido formado como un profesional reflexivo – en el sentido de que es capaz de ser crítico con su trabajo, partiendo de la premisa que su función es darle al lector los elementos para que pueda formarse sus propias ideas y tome sus propias decisiones – y autónomo, en el sentido de que es él quien se fija sus propias normas, entendiendo cuál es su responsabilidad social y para con su público.

A fin de cuentas, la ética no es un código de conducta, es un saber que se forma a partir de la reflexión sobre la propia experiencia y que nos permite elegir las acciones que llevaremos a cabo.

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